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Inicio Cultura y Sociedad · Tradiciones El regaliz

EL REGALIZ EN NUESTRA HUERTA

En nuestra huerta se cría
desde tiempo inmemorial
y no precisa esta planta
ningún cuidado especial.

El primer cuarto de siglo,
en mil novecientos veinte,
alcanzaba esta cosecha
resultados sorprendentes.

Se sembraban muchos campos
y entró dinero en el pueblo
que fue como agua de mayo
al menos para mi abuelo.

Hasta que vino el esparto
esto fue lo más seguro,
ir a cavar un gavillo
siempre que faltaba un duro.

En tiempo que yo era mozo,
en los domingos y fiestas,
era nuestra solución
para llevar dos pesetas.

El esparto y el arroz
acababan de llegar
y el regaliz arruinado
se tuvo que retirar.

JULIO AVELLANED

 

El regaliz es una planta que hoy prácticamente ha desaparecido en el comercio y ha perdido mucho valor del que antiguamente tenía en cuanto a sus muchas aplicaciones en laboratorios de medicinas y otras muchas cosas.  Es una planta de hoja pequeña y casi un metro de altura. Lo que se obtiene de ella es la parte que está bajo tierra, es decir, las raíces, que se extienden horizontalmente, y que reciben el nombre de “findoz”. Tiene un sabor dulce y fuerte, y cuenta con multitud de propiedades medicinales para hacer pastillas y cápsulas, aunque también se vendía en puros para mascarlo.
En Gelsa se cava regaliz desde tiempo inmemorial, sobre todo desde que los campos de la huerta baja fueron quedando yermos a causa del remanantío, ya que no había escorrederos que evacuaran el agua de riego de la huerta alta. Gran parte de la huerta se iba perdiendo por esta causa y muchos campos fueron abandonados, ya que no se podían sufragar los gastos, y algunos pasaban a incorporarse al patrimonio municipal.
Para sembrar regaliz había que hacer un buen laboreo de la tierra y abonarla abundantemente. Después se cortaban las varas del regaliz, previamente cavado en otro campo, en trozos de unos 15 centímetros siempre buscando un brote por donde nacería el “findoz”, y se colocaban en los surcos para, posteriormente, taparlos con la tierra.
La época de siembra era desde últimos de febrero hasta principios de marzo y desde la siembra hasta la recolección solían transcurrir unos cuatro años, durante los cuales el mismo campo solía criar otras cosechas, como la remolacha, en los huecos entre líneas.
La recolección se hacía con la azada formando grupos de cavadores, normalmente familiares, que trabajaban todo el día. Al final de la jornada se llevaba la “gavilla” o “fardo” hasta el pueblo, caminando hasta dos kilómetros para pesarlo y cobrarlo. Estos “fardos” solían pesar entre 40 y 50 Kg y cada uno los transportaba como podía, ya fuera a cuestas sobre el hombro o en el carro. Era una tarea dura, y por eso se comentaba:                                
“¿Qué cosa es dolor?
cavar regaliz de sol a sol”
La medida que se utilizaba por aquellos años era la “arroba” que equivalía a 12,600 Kg, aproximadamente. Con la llegada del invierno, los jornales comenzaban a escasear y eran muchos los que salían a cavar regaliz todos los días (la campaña comenzaba en octubre y solía extenderse hasta finales de marzo), independientemente del tiempo que hiciese. También se beneficiaban muchos jóvenes de este trabajo, ya que era una manera de conseguir alguna propina para las fiestas. Y no sólo los jóvenes, sino también algunos abuelos, especialmente los que iban mal de dinero (todavía no existía la Seguridad Social), salían a cavar regaliz o a coger caracoles para poder reunirse con sus amigos en la taberna y tomar un porrón de vino.  Nuestros abuelos solían llamar al regaliz joven “chumo” y solían, cantar en la taberna:
“Es tanta la humanidad
que le tenemos al chumo,
ganamos cuatro pesetas
y no nos gastamos un duro”


Hacia mediados del siglo pasado, el regaliz fue sustituido por otro cultivo, el arroz, puesto que se cultivaba en las tierras inferiores o de remanantío ocupadas hasta entonces por el regaliz.