Portal Transparencia
Banner
Visitas a la web
mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
Inicio Cultura y Sociedad · Tradiciones

La caza ha sido y sigue siendo un manjar muy apreciado si se cocina adecuadamente, ya que es una carne que no admite cualquier tipo de preparación.

En Gelsa es típico guisar la caza de las siguientes maneras: la liebre, en Caldereta o Rancho o también con judías; la perdiz se suele cocinar siempre estofada; y el conejo es muy sabroso asado y con un poco de ajolio. He aquí algunas de estas recetas.

ALGUNAS RECETAS
DE COCINA

LIEBRE EN CALDERETA
O RANCHO

INGREDIENTES

  • Liebre
  • Arroz
  • Patatas
  • Pimientos
  • Ajos
  • Aceite
  • Agua
  • Sal

PREPARACIÓN
Se trocea la liebre y, con la sangre (si es posible), se cuece durante casi una hora con agua y sal (también se puede refreír primero antes de cocerla). Después se pone en la cazuela aceite y ajos, y pimiento en tiras, y se añaden el arroz y las patatas. Aproximadamente en 15 ó 20 minutos ya está listo (se aconseja dejarlo caldoso).

LIEBRE CON JUDIAS

INGREDIENTES

  • Judías
  • Liebre
  • Agua
  • Aceite
  • Ajos
  • Sal

PREPARACIÓN
Se trocea la liebre y, junto con la sangre y las judías, se cuece todo en agua, aceite, ajos y sal durante una hora.

PERDIZ ESTOFADA

INGREDIENTES

  • Perdiz
  • Cebolla
  • Vino blanco o coñac
  • Pimienta
  • Aceite
  • Ajos
  • Agua
  • Sal

PREPARACIÓN
Se sofríe la perdiz y se le añade agua. Se deja cocer unos 45 minutos. A mitad de cocción se añade una copa de vino blanco o coñac. Después se añade la cebolla en abundancia hasta que se fríe en 15 ó 20 minutos.

La caza, hasta hace pocos años, era entendida en algunos casos puntuales como un oficio más, pero mayoritariamente como un aporte extra al sustento de cada familia. En Gelsa esto no era una excepción. La necesidad contribuía al ingenio y fabricación de diferentes útiles y herramientas para capturar las presas, ya que las escopetas escaseaban y la caza era un manjar muy apreciado tanto por los cazadores como por los agricultores que pasaban varios días trabajando en el monte. Dentro de las diferentes técnicas de caza que se utilizaban había algunas permitidas, otras que se consideraban furtivas dependiendo de cuándo y cómo se llevaran a cabo, y otras totalmente ilegales. Hoy en día, la caza ha experimentado una gran evolución hasta convertirse en un deporte apasionado y muy arraigado entre los gelsanos. Desgraciadamente, al hablar de caza es inevitable hablar de furtivismo, una lacra que se arrastra desde hace muchos años y que pese a todos los esfuerzos y medidas tomadas sigue existiendo, empañando así la imagen de este bonito deporte.

DIFERENTES TÉCNICAS DE CAZA

A lo largo de los años han sido muchas y variadas las técnicas utilizadas para cazar. Algunas de las más antiguas son la “loseta”. La losa o piedra plana se sujetaba con un frágil entramado de palos que, al perder el equilibrio, atrapaba debajo a la presa. Ocasionalmente esta losa podía ser sustituida por un cañizo o tabla. Esta técnica se utilizaba para atrapar aves de pequeño tamaño.

Los lazos eran otra técnica tradicional; eran de fabricación casera, hechos de alambres finos y fuertes con los que se hacían unas circunferencias de unos 15 centímetros de diámetro atadas a una estaca de unos 25 centímetros. Posteriormente se clavaba en el suelo a diferentes alturas, dependiendo de la presa a la que estuviera destinado, más bajo para los conejos y liebres, y más alto para las perdices. Por último a la estaca se le colocaba una cuerda que se ataba a un matorral cercano a modo de contrapeso. En el caso de los conejos, los lazos se colocaban en los senderos que se formaban al subir y bajar de su madriguera; para las perdices, se solía utilizar el sistema de “cebadero”, que consistía en colocar unos granos de cereal visibles a su alrededor. En ambos casos, la cabeza de los animales entraba en el lazo y, al intentar huir, quedaban atrapados.El cazador recorría los lazos colocados al día siguiente o pasados dos o tres días. A pesar de ser una práctica clandestina, era muy utilizada debido a su bajo coste y eficacia. Otra técnica muy conocida es el cepo. Los cepos se utilizaban para capturar conejos, liebres y, a veces, perdices o incluso, en zonas del alto Aragón, zorros, lobos y osos. El cepo es un instrumento de hierro que tiene dos “costillas” o semicírculos unidos a una ballesta de unos 20 centímetros y una chaveta que sostenía el muelle.

Se solía colocar en los llamados “cagarruteros” o “sirriales” del conejo, que marca con sus propias heces los límites del territorio comunal. Una vez colocado se camuflaba con las mismas heces, o con tierra y tomillo.

Pero, además de estos cepos, había otros hechos de alambre con los que se capturaban todo tipo de pájaros.

Normalmente se daba una vuelta para buscar los sitios apropiados para colocar los cepos, pero si no había tiempo se colocaban sobre la marcha. Esto se hacía a la caída de la tarde, y se recogían al día siguiente a primera hora de la mañana. Al igual que la técnica del lazo, el cepo era una práctica furtiva, aunque en casos extremos donde los conejos destruían las cosechas, se concedían permisos especiales a este efecto. Una técnica diferente es la caza con hurón.

El hurón es una animal con un fuerte instinto carnicero que recorre cada rincón de las madrigueras de los conejos. En las bocas de las madrigueras, el cazador colocaba unas redes con las que capturaba al conejo. Debido al gran número de bocas que tiene este entramado de galerías, era habitual que el conejo escapara por alguna que se había dejado sin tapar.

Esta práctica estaba permitida en aquellos casos en los que el conejo había dañado considerablemente los cultivos. Tan común y numeroso era el conejo en nuestro monte que de todos eran conocidas algunas poesías o dichos populares referentes a él que se transmitían de boca en boca:

“Sobre unas matas seguido de perros,
no diré corría, ¡ volaba un conejo!
De su madriguera salió un compañero y le dijo:
¡Detente amigo!
¿Qué es esto?
¿Qué ha de ser? Dos pícaros galgos que me vienen
siguiendo.
¡Sí!¡ Por allí los veo! Pero no son galgos, ¡son
podencos!
¡No! ¡Son galgos!
¡No! ¡Son podencos!
Durante la disputa llegaron los perros y pillaron
descuidados a mis dos conejos.
El que por cuestiones de poco monta olvida la
importancia de otras, llévese este ejemplo”.

Otra práctica muy extendida entre los gelsanos era y es la caza de la liebre con galgo. El galgo es un atleta nato, un animal que requiere muchos cuidados para estar al cien por cien, por eso siendo aún cachorros de cinco o seis meses, comienza su adiestramiento. Es una práctica muy divertida y amena, en la que se va en grupo peinando el terreno en busca de la liebre; si no sale por sí misma, el cazador utiliza un palo
o garrote para moverla de su cama. En ese momento empieza la carrera y se produce un griterío que anima a los galgos a perseguirla. Las carreras suelen durar entre dos y cuatro minutos. Muchas veces la liebre escapaba haciendo uso de su ingenio y velocidad. Si el galgo atrapaba a la liebre y estaba bien adiestrado, éste se la llevaba a su dueño; es lo que se conoce como “el cobro”. De todos era sabido y comentado en la reuniones quiénes eran los mejores galgos y los que más corrían, o los que atrapaban más liebres. Hubo algunos tan famosos que incluso se les dedicó esta jota de todos los gelsanos de entonces conocida:

En el varello los pinos
engalgamos una liebre,
ya la vuelve La Peluda,
ya la ha cogido El Reverte.

LA CAZA AYER Y HOY

Por sus características, el monte de Gelsa ha sido óptimo para la cría de la liebre, la perdiz y el conejo, que se reproducía con gran facilidad y causaba verdaderos destrozos en las cosechas, hasta el punto de que algunos agricultores se veían obligados a abandonar sus fincas. Sin embargo, y según los cazadores de Gelsa, uno de los mejores lugares para cazar era el monte de Pina, más concretamente un paraje llamado “La Retuerta”, donde se podían cazar un buen número de piezas.
Ya desde primeros de siglo, la caza era una práctica extendida por nuestros montes y, aunque no era muy difícil conseguir armas, eran pocos los que tenían escopeta. Las primeras escopetas solían ser de un caño y de un solo tiro. Además, en muchos casos la munición se fabricaba artesanalmente con perdigones hechos de plomo viejo y pólvora, ya que comprar cartuchos estaba al alcance de muy pocos. Era por esto que había que afinar mucho la puntería y aprovechar los tiro al máximo. La escopeta se ha perfeccionado mucho, desde las primeras, que se cargaban con baquetas por el caño, pasando por las de pistón hasta las de cartucho. Posteriormente llegaron las de dos caños, de dos tiros y las automáticas, que disparaban de tres a cinco tiros. Cada cazador o grupo de cazadores tenía costumbre de cazar de manera distinta, por diferentes motivos y usando técnicas diferentes. Desde los cazadores de oficio, que vivían de la caza, pasando por los agricultores que pasaban varios días en el monte con las labores del campo y para los que una caza era un manjar muy apreciado. Hasta las familias o grupos de amigos que tenían galgos y preparaban un día o dos de cacería, cuando no había mucha faena. O incluso cazadores esporádicos que salían a por alguna caza cuando tenían huéspedes en casa. Hasta el cazador de hoy, que es un deportista o aficionado a este deporte
que ya cuenta con diversas modalidades. La mayoría de los cazadores iban al monte en grupos, con mulas donde llevar todo lo necesario para pasar unos días. Muchos de ellos eran agricultores que se debían a las labores del campo y que tenían que pasar las noches durmiendo en los mases, que eran unas casas construidas a este efecto.
Con la evolución de la maquinaria y las técnicas agrícolas, los mases perdieron su funcionalidad y muchos de ellos se abandonaron. Pero alrededor de los años sesenta, se empezaron a recuperar y reparar aquellos viejos mases con el fin de utilizarlos como lugar de encuentro y reunión de los nuevos grupos de cazadores que, además, se rodeaban de familiares, amigos, vecinos y forasteros. Desde las épocas en las que se subía a pie, con las mulas o en bici, pasando por el tractor y el remolque, hasta la llegada del automóvil, que fue toda una revolución ya que fue entonces cuando las mujeres empezaron a tomar parte de esta fiesta, casi siempre en calidad de invitadas, porque tanto los guisos como el fregoteo corría a cargo de los hombres. Además del conejo y la liebre, otro tipo de presas han sido cazadas comúnmente en Gelsa. La perdiz, que está considerada por muchos el ave reina porque su tiro es muy vistoso, elegante y difícil; y la codorniz, aunque es más abundante en la zona de huerta. Ambas aves se suelen cazar con perro, ya que es de gran satisfacción para el cazador que éste le haga una “muestra”. No obstante, también se solían cazar otro tipo de aves, como la tórtola, que se cazaba a la espera; la paloma torcaz o “turcazo”, de casi doble tamaño que la paloma; el “zorzal” o “torda” y el ánade, que es un ave acuática y que, por lo tanto, había que cazarla con perros capaces de cobrar la presa si caía al agua. En cuanto a la caza mayor, hay que decir que el jabalí no ha sido un animal muy cazado en Gelsa, ya que ante apenas se veían. No obstante, a partir de los años cincuenta o sesenta, su número empezó a aumentar, y hoy son bastantes los aficionados a esta práctica.

 
Más artículos...