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La Santa Espina

De las reliquias y objetos religiosos de que fueron disponiendo las Clarisas en el convento de Gelsa, la principal y más estimada era un relicario, forrado de cristal, formando una columna tronco-piramidal de base cuadrada de 10 cm. de lado y 25 cm. de altura, guarnecida de oro, diamantes y perlas y grabada con las armas de los fundadores del convento.

Lleva una cruz de oro con 8 diamantes pequeños y 4 perlas, dentro de los cristales encierra en sí una espina de la corona de Cristo Redentor y una partecita del LIGNUM CRUCIS.  Este tesoro provenía de D. Melchor Enriquez de la Carra, séptimo descendiente de los Reyes de Navarra, cuya reliquia vino, según la tradición antiquísima a su poder.  La heredó su sobrina Dª Francisca esposa del Marqués de Osera, los cuales la donaron al convento de Gelsa en 1931, pues les pareció a los fundadores que en ningún sitio estaría con más veneración y decencia.  La donaron por vínculo del Marqués de Osera con el convento para manifestar el amor con que atendían, y así ha manifestado Dios la virtud de este sagrado instrumento de su pasión con múltiples milagros. Se conservan manuscritos de tales hechos.

Las Clarisas vivieron en el convento de Gelsa 340 años, y desfilaron por sus claustros 227 hermanas. En 1970 fué clausurado el convento por falta de vocaciones, ya habían venido a reforzar la comunidad cuatro monjas de otros conventos. Las cuatro hermanas del convento de Gelsa marcharon al convento de Jerusalén de Zaragoza.

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